martes, 28 de agosto de 2007

La cucaracha voladora

Nunca pensé que en 100 metros -una cuadra- pusieran pasar tantas cosas juntas. Ese día, el mismo del choque de dos trenes del Metro de Caracas, tuve que ir a parar a la Av. Baralt al consultorio alterno de mí odontólogo Lorenzo A., porque el de Chacao estaba cerrado. Yo soy una chica del Este.

Arianna, mi hija, tenía ya las maletas listas para irse para Margarita a disfrutar de sus vacaciones escolares. Yo encochinada como siempre, y eso que también estaba de vacaciones, no tenía ni un segundo que perder. Yo soy una chica del Este.

No sé como Lorenzo A., mi odontólogo, el hombre perfecto, con dientes perfectos, con perfume perfecto, con manos perfectas y sonrisa perfecta puede tener un consultorio en semejante antro, por suerte no llegue a entrar. Yo soy una chica del Este.

En la esquina de Muñoz en la Av Baralt de Caracas en el Edif. Fontes estaba -aun está- su consultorio. Llegar allí fue toda una odisea. Era el día del choque de trenes, ya lo dije. Sin dinero para pagar un taxi, nos fuimos en una camionetica a sabiendas que no había Metro para llegar a Capitolio y luego bajar hasta la Baralt. Llegamos a Chacaíto para tomar otra camionetica y aproximarnos lo que mas se pudiera a la desagradable avenida. Yo soy una chica del Este.

El viajecito nos tomo dos horas. Las colas en Caracas son para coger palco y calenteras. El calor sofocaba a cada uno de los pasajeros del transporte público y amenazaban con saltar. Sobre el elevado de la Av. Andrés Bello estabamos detenidos. Sin forma ni manera de devolvernos no nos quedo otra cosa que respirar y esperar. Pasaron los minutos, muchos minutos y llegamos a Santa Capilla. Allí nos bajamos de la camionetica y nos dispusimos a alcanzar nuestro destino de la mejor manera posible: a pie.

Se acercaba el mediodía, la amenaza de que Lorenzo abandonara el lugar era inminente pero no había manera de comunicarse con él. En el consultorio Marilyn, la asistente, no contestaba, él tampoco a su celular ¿qué pasaría? nos preguntabamos Arianna y yo. estaría Lorenzo en ese tren. El vive en El Marqués. El también es un chico del Este.

Al descender de la unidad de transporte, sorteamos los carros que cubrían de punta a punta la Av. Urdaneta. Toque técnico en Santa Capilla y bajamos por el bulevar que da con la antigua oficina de Lina Ron para acercarnos a la Plaza Bolivar y cruzar a la derecha por la Casa Amarilla pero no pudimos. Al llegar a la mitad del bulevar una pared de cartón piedra impide el paso: están haciendo trabajos, advierte un aviso que solo se logra ver cuando se está allí. En la esquina de Santa Capilla ninguna señal impide hacer el viajecito hasta allí. Quién lo iba a saber. Yo soy una chica del Este.

De regreso, a Santa Capilla, la cara de mi hija que ya venía transfigurada por el calor y la ladilla de estar dentro de una camionetica sin aire acondicionado, con hambre y calor, no tenía nombre ya. Ella también es una chica del Este.

Llegamos a la vicepresidencia en la esquina de Carmelitas, bajamos por Relaciones Interiores y alcanzamos una de las esquinas de la Asamblea Nacional. Miramos todo con cara de turistas. Estabamos buscando la esquina de Muñoz. Ah! claro, por esta esquina se baja al apartamente de tio Mario, donde pusieron la estación del Metro.
Fino ¡ya se donde es! dije con autoridad y alegría. Je,je, yo la chica del Este.

Los ojos de Arianna expresaban con total claridad lo que sentía: miedo, rabia, asco y me preguntaba ¿cómo es que Lorenzo tiene un consultorio por aquí? Yo, alzaba los hombros, esa tambíén es mi pregunta. Somos unas chicas del Este.

Esta historia continuará

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